Prevenir los incendios forestales: el papel de la fauna

incendio

En varias visitas guiadas por nuestros parques naturales surge siempre el mismo interrogante, cómo mantener los bosques alejados del fuego y mantener aquello que nos queda de verde. Y se han dado muchas respuestas, algunas razonables y otras no tanto. Se hicieron cortafuegos que suponen cientos de km de terreno deforestado que se deben mantener a coste considerable, puesto que los arbustos lo ocupan rápidamente. Por este coste, las limpiezas escasean y el fuego salta de un lado a otro fácilmente. No solo esto sino que aunque se mantuvieran perfectamente desbrozados, nada garantiza que paren un fuego. Los incendios no sólo avanzan con la llama directa, sino con las miles de chispas y pavesas que salen disparadas al aire y pueden recorrer cientos de metros, mucho más allá de cualquier cortafuegos, generando así infinidad de nuevos focos en avance. Por este motivo los cortafuegos son de relativa efectividad.

Otra idea recurrente es la de que ‘los fuegos del verano se apagan en invierno’, haciendo referencia a la prevención. Esta supone dos campos, una la información y sensibilización del principal causante, el ser humano, con campañas, leyes y normas para evitar las imprudencias en el monte, que son absolutamente necesarias. El otro campo es lo que llaman el mantenimiento o ‘limpieza’ de montes, algo más cuestionable..

¿Quién no ha oído a alguien decir que se debería limpiar el monte? Algunos dicen que ya no dejan subir ganado, algunos incluso culpan a los ecologistas de ello.. Otros van más allá y proponen que pongan a los parados a limpiar el monte. Por si alguien tiene la tentación de apoyar esto, explicaremos por qué no es factible.

Primero cuestionaríamos el concepto ‘limpieza’; ¿es que el monte está sucio? Suena como lo que propuso el expresidente americano Bush, cortar árboles para que hayan menos incendios. Sin bosques no habrá fuego, lógico. Tonterías aparte, veamos las opciones; respecto a subir ganado, no es culpa de los pérfidos ecologistas a los que se culpa disparatadamente de soltar culebras desde helicópteros y cosas así, sino de algo más sencillo. Hoy, la mayoría del ganado está estabulado o en granjas controladas por pura comodidad y ahorro, y para sacarlos al monte se necesitan pastores, un oficio que ya nadie quiere ejercer, así de sencillo. Hay ayuntamientos que han ofrecido plazas públicas de pastoreo que han quedado desiertas. Es una vuelta al pasado que no va a suceder. Respecto a que se limpie el monte con brigadas, es un gasto inmenso; imaginen el coste de desbrozar miles y miles y miles de km; millones de plantas que a la primera lluvia vuelven a rebrotar. Y menos aún proponer que lo hagan parados, como si fuera mano de obra esclava; también habría que pagarles como a cualquier asalariado, y para 27 millones de hectáreas forestales en este país, suponen decenas de miles de millones en salarios. Debería existir alguna solución a todo esto.

Pues sí, existe. Cuando la naturaleza tiene un problema, lo más lógico es preguntarle a ella misma.  Ella ha existido desde siempre, antes que nosotros, y sus problemas se los ha solucionado sola. La naturaleza es sostenible e independiente siempre que se mantenga en equilibrio. Y si no se sostiene y por ejemplo pierde bosques en vez de ganarlos, es porque algo la desequilibra.

Ahora bien, ¿son los incendios la causa del desequilibrio? Más bien no, porque incendios ha habido siempre, por causas naturales. Imaginen un incendio por un rayo 5000 años atrás, cuando nada frenaba las llamas, en teoría sólo se detendrían al llegar al mar o con una lluvia fortuita, tras semanas o quizás meses quemando; De hecho, se sospecha que el conejo es una especie que se aprovechaba de estos incendios, reproduciéndose exponencialmente conforme disponía de brotes tiernos tras las llamas, y con el conejo todos sus depredadores desde águilas a linces. Pero ¿por qué esos incendios no acabaron con todo, por que seguía habiendo bosque y nos ha llegado hasta hoy? Pues porque había un equilibrio que los compensaba y reducía.. se sospecha que aquellos incendios no eran tan gigantescos y en cambio eran mucho menos virulentos. La respuesta a la ecuación es aquello que les falta a nuestros bosques, una parte indispensable, esto es.. la fauna.

La fauna salvaje es la jardinera de los bosques, la que transporta sus semillas y también modela la vegetación, crea claros y discontinuos, poda las ramas bajas de los árboles y elimina el exceso de arbustos, dejando prados. Estos prados son mucho menos proclives al fuego que los arbustos, ya que las plantas bajas y hierbas no tienen madera, se agostan en verano y desaparecen hasta la temporada húmeda. Cuando aparece el fuego en verano, hay muchas menos ramas bajas secas, menos arbustos y pocas hierbas. El fuego si prende en la hierba seca avanza a más velocidad que fuerza y raramente llegará a matar un árbol, sólo ennegrecerá su base. Y si lo quema y el fuego avanza por las copas lo hará con dificultad ya que las copas guardan más agua que una base arbustiva, y por ello los incendios son más lentos, desprenden mucho vapor y queman ‘peor’. He aquí a nuestras brigadas forestales que mantienen el bosque, de forma natural, gratuita, y con sólo acudir al origen.

Las plantas de prado están hoy recluidas a bordes de caminos y márgenes de cultivos, ‘malas hierbas’ las llamamos; y sin embargo son el espacio con más biodiversidad. Pero antes de la aparición de la agricultura y durante milenios debieron ser dominantes ocupando la mayoría de las zonas bajas, donde hoy tenemos nuestros campos. Los bosques de árboles seguirían donde hoy, en montañas y terrenos menos accesibles. Y las zonas bajas más cómodas serían ocupadas por gran cantidad de fauna herbívora, que devorarían y eliminarían arbustos y retoños de árboles, dejando solo opción a las plantas de rebrote rápido, las hierbas de prado. Para conocer esta fauna, sólo tenéis que visitar nuestro post  https://www.lasaria.com/que-es-el-rewilding-leopardos-en-fontanars/#more-2669

Así tendríamos un paisaje discontinuo, con llanos verdes llenos de fauna, manchas de bosque en zonas altas y pocos arbustos, donde los incendios tendrían poco avance o pasarían rápido quemando hierbas sin llegar a matar los árboles. Si os suena este paisaje, sólo tenéis que ver cualquier documental sobre los parques africanos, ese era también nuestro paisaje. Hoy esto es imposible de recrear aunque parques como el de Cabañeros se acercan. Y es imposible porque los llanos los ocupamos nosotros con cultivos. Sin embargo tenemos montes arbolados, aparentemente sanos y verdes, pero realmente muy vulnerables, incompletos y en peligro. La única forma de hacer que perduren es hacerlos sanos, es decir acercarlos a como fueron en el pasado, y esto pasa por reintroducir la fauna salvaje desaparecida, especialmente aquellos herbívoros más adaptados al espacio forestal, fauna que pode y libere masa combustible, que cree zonas de hierba bajo los árboles, por tanto más biodiversas y menos proclives al fuego.

En nuestro país aún somos reacios a estos cambios que ya se producen en los parques europeos, donde se empiezan a reintroducir especies  que devuelven vigor a sus bosques.  Y la reintroducción es más necesaria justamente en las zonas mediterráneas y secas más vulnerables, donde antes desapareció la fauna y en consecuencia los incendios son peores, cosa que no es casual sino causal. Aquí en cambio seguimos invirtiendo millones en apagar fuegos inmensos y descontrolados, cuando la naturaleza nos ofrece la solución gratuita y sostenible. Es sólo cuestión de tiempo que comprendamos esto y avancemos donde lo hacen otros, o bien nos resignemos a perder nuestro patrimonio natural y a vivir en un desierto.

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