¿Que es la arqueología?

dama elche

Arqueo, antiguo; logos, razonamiento. El interés por la antigüedad parte desde el momento en que esa antigüedad es vista como fuente de aprendizaje para el presente. En la edad media el interés es nulo, además el pasado era pagano y por ello estaba estigmatizado. Sin embargo en el Renacimiento hay un interés profundo por la antigüedad, se quiere hacer renacer su grandeza; los intelectuales estudian sus textos, los artistas copian sus modelos, y las élites coleccionan sus antigüedades. Este concepto de colección se mantuvo hasta el s. XIX, donde los museos históricos eran tremendos almacenes de piezas mezcladas y descontextualizadas. Las excavaciones tenían el mero objetivo de sacar piezas y descubrir tesoros, tanto las que se hicieron tempranamente en Pompeya, como las  fabulosas de Egipto. Los grandes estados nacionales las financiaban, con el objetivo político y positivista de legitimar su hegemonía, como ‘herederos’ naturales de las antiguas civilizaciones.

Pero pronto se vio la necesidad de ir más allá, de poner la pieza en contexto para extraer más información de ella; y al fin se entendió que lo verdaderamente valioso es esta información, muchas veces por encima del mismo valor material de las piezas.

La arqueología certifica, complementa, modifica y añade datos a las fuentes históricas escritas; y también aporta la mayoría de información cuando no existen estas fuentes; por ello es tan frecuente para estudiar la prehistoria, ese inmenso periodo de la humanidad en que no existió escritura. De la certeza sobre lo poco que sabemos, se ha entendido que la arqueología debe evolucionar para ser cada vez más exigente y exhaustiva en la búsqueda de información. Por ello los métodos de estudio han evolucionado tremendamente en los últimos 100 años, y no dejarán de hacerlo en la búsqueda de métodos cada vez más y más sofisticados.

La arqueología no es ya sólo ir a excavar y sacar piezas; es buscar información y para ello existe una metodología y un protocolo que cada vez es más amplio. Podríamos resumirlo en:

1, fase de documentación previa, en la cual se investiga todo lo posible sobre el lugar a estudiar: si ha habido ya descripciones, prospecciones o excavaciones; si hay documentos históricos sobre el sitio; cuál es su entorno geográfico e histórico, mapas topográficos, de cultivos, de comunicaciones, cuáles son sus recursos cercanos, toponimia tradicional; en fin todo lo que podamos hallar previamente y nos dé información sobre el lugar

2, fase de prospección, donde se hace una búsqueda de campo y se documentan los restos, huellas e indicios, tanto visualmente como con otros medios posibles como fotografías aéreas o teledetección, siendo esta de varios tipos, sonar, radares, detectores de metales etc.

3, fase de excavación, en la que se van eliminando los sedimentos y documentando sus capas junto con los restos hallados, para establecer fases de ocupación y cronología; y de este modo poner en contexto todo aquello que se va descubriendo y documentando.

4, fase de conservación y registro, en que se limpian y consolidan los restos y se clasifican con una numeración y dibujo; todas las piezas deben saberse su procedencia exacta en la excavación, por si es necesario realizar nuevos estudios en el futuro.

5, Estudio e interpretación, es la fase en que se recopila, estudia e interpreta lo que la excavación nos ha expuesto. Esta interpretación es abierta y nunca está acabada ya que puede modificarse permanentemente con nuevos estudios e interpretaciones futuras.

6, finalmente finalizado el estudio, la difusión tanto en registros generales, medios especializados y para el público en general.

Estas fases no siempre se completan del todo, llegando a veces sólo al estudio previo o la prospección; no todo se puede excavar, ni es deseable tampoco.

Este protocolo se va ampliando cada vez más, y las técnicas se van haciendo cada vez más complejas para exprimir el máximo de información. En el futuro seguirán mejorándose, por este motivo existe la prevención de saber que lo que se aprenda excavando ahora es menos que lo que se aprendería haciéndolo en el futuro. Por ello muchas excavaciones no se completan, dejando áreas de estudio para años venideros.

Como botón de muestra, la evolución en la datación: antiguamente el único método era la interpretación de estilos y técnicas de las piezas halladas, típicos de épocas concretas. Hoy contamos con infinidad de nuevos métodos como el carbono 14, que mide la radiación de isótopos de restos orgánicos; la cantidad de radiación nos dice la edad, aunque sólo nos vale para este tipo de restos. Otra es la dendrocronología usada para restos de madera, el estudio en la variación de sus anillos que se repite en una región para todos los árboles, estableciendo una especie de ‘codigo de barras’ que nos permite datar el momento. Otra es la palinología, el estudio de los restos de polen depositados en la tierra que nos ayuda a datar y a poner en contexto su medio ambiente, clima, cultivos etc. Otra es la termoluminiscencia que sirve para datar cerámicas, o el potasio-argón para restos volcánicos, o el paleomagnetismo para ver la orientación de los polos en edades antiguas.. los métodos son infinitos, aunque sólo hemos descubierto unos cuantos.

Como veis, no hay métodos definitivos de datación porque cada uno de ellos sirve sólo para unos rangos de antigüedad, y unos materiales concretos. Pero de estos métodos cada vez hay más y por tanto y no sólo por esto, las excavaciones futuras extraerán más información que las actuales.

La arqueología contempla hoy además muchos otros ámbitos y se cruza con otras disciplinas, botánica, genética, medicina, antropología y todas aquellas que ayudan a interpretar nuestro pasado. Un arqueólogo que estudia las técnicas de caza de la prehistoria, lo hace de la mano de un antropólogo que estudia tribus actuales en el amazonas; o de los ‘arqueoarquitectos’ que estudian cómo se construía un castillo medieval levantando uno nuevo sin usar medios modernos, como están haciendo en Guedelón (Francia). Hoy no sólo se excava, sino que se estudia y se reconstruye el pasado en todas sus dimensiones.

No hay duda que es una actividad atractiva y sugerente para el público, aunque esto entraña un grave peligro. Frecuentemente se oye de ‘aficionados’ que van a yacimientos a buscar objetos que guardan en sus casas, a veces incluso con medios como detectores de metal etc. Otras ocasiones también se encuentran alijos de piezas expoliadas a la venta en el mercado negro. Todo parte de la demanda de gente interesada en la antigüedad, pero que habríamos de decir, sigue anclada en el s. XIX. Muchas veces se justifican diciendo que esas piezas estaban perdidas y que el lugar estaba abandonado, que nadie lo excava.

Estas actuaciones vienen de una gran ignorancia y son profundamente irresponsables y faltas de ética. Primero, que un yacimiento no se excave no significa que esté abandonado; solo que espera su momento para hacerse correctamente, y no importa nada si es en 20 o 100 años, ya que lo que la tierra ha conservado siglos puede esperar un poco más; y cuanto más espere, mejor será su estudio porque como hemos dicho las técnicas se van mejorando. Segundo, cuando una pieza se extrae sin documentar su contexto, se destruye totalmente, pierde su significado. De hecho un estudio arqueológico tiene un valor legal parecido al notarial, el arqueólogo da fe y certifica el valor y autenticidad de una pieza; y nadie más, ya que hoy cualquier cosa es falsificable. Pero el arqueólogo la extrae en un contexto que dice qué es esa pieza, cuando se hizo y para qué. El que expolia un yacimiento desconoce esto, destruye las pruebas y por tanto aunque se lleve el objeto, destruye su valor. No importa si ha encontrado una nueva dama de Elche, históricamente no valdrá absolutamente nada. Tendrá valor si la vende a un comprador igualmente ignorante, que nunca se podrá deshacer de ella, ni venderla, ni exponerla, ni donarla a ningún museo ya que carece de valor real y por ello no puede ser aceptada. Así que se destruye el valor de la pieza, y por tanto se impide a la sociedad de su disfrute para siempre. Por su parte, está destruyendo no sólo el objeto, sino la información que contenía el yacimiento, que al perder su registro y parte de sus piezas no podemos ya interpretar correctamente. Por ello el expolio de piezas es un delito y un crimen contra la sociedad, porque destruye nuestro pasado de forma descerebrada y egoísta.

Si os gusta el pasado y la arqueología, podéis disfrutarla visitando los yacimientos habilitados, visitando estupendos museos que exponen piezas reales y auténticas, y leyendo libros de historia, con todo esto y nuestra imaginación podemos recrear cómo fueron y vivieron nuestros antecesores; y ayudaremos mucho a que se conserve para nuestros sucesores.

 

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