El teatro romano de Sagunt: ruina histórica, restauración, reconstrucción..

saguntSagunto es una de nuestras visitas guiadas recomendadas (ver ruta turística por Sagunto), lleno de hechos históricos cruciales. Sin duda uno de sus monumentos más famosos es el teatro, tanto por sí mismo como por la controversia que gira en torno a él. El teatro de Sagunto con 4000 localidades y su disposición monumental fue y es uno de los más importantes de la península. Construido en el s. I, se convirtió en símbolo del orgullo cívico de la romanidad, con simbología política y propagandística. Roma apabullaba a los habitantes de nuevas regiones con edificios fastuosos e impresionantes, tanto en obras públicas como puentes calzadas y acueductos, como en los meramente lúdicos como teatros y circos. Aquellas culturas quedaban atónitas ante la aplastante superioridad de la cultura y técnica romana, que se permitía hacer edificaciones inmensas sólo por diversión. Así Roma mostraba no sólo el palo, sino también la zanahoria de una vida mejor para convertir a la población local a su causa.

El teatro era también una de las mejores muestras de globalización romana. En él se presentaban obras creadas quizás por un autor a miles de kilómetros de distancia, y eran perfectamente comprendidas. Muchos autores crearon obras excelentes, modernas y apasionadas, y hacían partícipe a cualquier ciudadano de esa alta cultura.

Los teatros decayeron con la cristianización que tendió a absorber todas las manifestaciones públicas y veía al teatro como una manifestación cultural autónoma e incómoda. Y así desaparecieron hasta quedar en ruina. Sagunto quedó en ruinas, de ahí su nombre medieval, Muri Veteri o Morvedre. Se usó la piedra para construir casas y así desaparecieron gradas y escena. Lo que quedaba se derribó en la guerra del francés, para poner cañones sobre la ciudad.

La ruina es un espacio sugerente. Siempre hace imaginar cómo debió ser. Los pintores viajaban a Roma a dibujar sus piedras caídas, de ahí el término romanticismo, lo sugerente, lo pasado, lo perdido. Ante el ‘dolor’ de la ruina, surge la idea racional de la reconstrucción. Pero aquí empieza la controversia, si esto se debe hacer, y cómo.

Controversia, porque al reconstruir una ruina, destruyes lógicamente el concepto de ruina. Las ruinas romanas han sido pintadas mil veces, si fueran reconstruidas, ¿qué sentido tendrían ahora todas esas pinturas? La ruina tiene valor en sí misma, como espacio sugerente, como paisaje, como recordatorio, como documento histórico y arqueológico. Una reconstrucción las altera y confunde, y en cierto modo frustra la atracción que tenemos por lo antiguo, lo viejo.

Durante el romanticismo, se hicieron innumerables reconstrucciones, sobretodo de arquitecturas medievales. Y casi nunca fueron fieles al original, siempre se ‘mejoraron’ añadiendo elementos no originales, exagerando el decorativismo con resultado efectista y pintoresco, pero frustrante para aquel que busca lo genuino. Ante esta tentación, empezaron a aparecer leyes que regularon cualquier actividad sobre edificios históricos, buscando sobretodo la preservación de los elementos históricos y arqueológicos en las cuales se prohibió cualquier tipo de reconstrucción como forma preventiva de evitar su alteración definitiva.

El caso de Sagunto

Sagunto se convirtió en uno de los ejemplos más controvertidos por múltiples motivos. Durante los 80, se decidió una reconstrucción del teatro con motivos propagandísticos (esto también es muy romano), recurriendo a arquitectos-estrella, Grassi y Portaceli (esto también es muy actual). Hicieron una obra dura, reconstruyendo el edificio casi completamente con materiales modernos, o al menos nuevos en su momento. Y destruyeron irremisiblemente la ruina histórica, – que no los restos -, entendiendo como ruina el paisaje histórico del teatro, su imagen antigua. Los restos se mantuvieron, pero enterrados bajo toneladas de piedra, ladrillo y cemento.

Se incumplía con ello la ley, y varios colectivos y con ellos la oposición comenzaron un largo pleito que se alargó años, tantos que los que eran oposición pasaron a ser gobierno. Y en ese trance, salió la sentencia por la cual en efecto, se había cometido una ilegalidad y el teatro debía ser derribado. Con ello pasó el problema a los actuales gobernantes que se han visto incapaces y molestos por un problema que ellos mismos alentaron. Se propuso una mala solución para solventar el problema, que fue cambiar la ley. Así, actualmente la ley autonómica ya permite la reconstrucción de edificios históricos, por la cual se está reconstruyendo el monasterio de la Valldigna por ejemplo. Pero es mala solución, porque la ley no puede ser retroactiva y no sirve para ‘limpiar’ el expediente Sagunto. Finalmente, se acudió a expertos que certificaron lo obvio, que derribar lo construido iba a afectar inevitablemente los restos históricos y degradarlos y que por su salvaguarda la sentencia de derribo no se debía cumplir, y esa es la situación actual, la de una ilegal-alegalidad mantenida desde la administración.

Pese a todo esto y aunque lo parezca, mi postura personal no es totalmente en contra de las reconstrucciones sino contra la mediocridad de procedimientos de la administración actual. Falta exponer los argumentos a favor. El primero es la misma conservación de las edificaciones, ya que la ruina está mucho más expuesta a los elementos, la erosión y otras afecciones que cualquier edificio que conserve partes protectoras como cubiertas, muros, revocos etc. La ruina está viva y su proceso natural es degradarse. Un segundo elemento es si esta ruina se ha convertido en paisaje histórico en sí y por ello tiene valor intrínseco, como por ejemplo las ruinas del foro romano. No se pueden reconstruir porque como ruinas, han tenido tanto o más valor y repercusiones que tuvo el mismo foro en su época de esplendor. Sin embargo en aquellas ruinas sin tanta repercusión, tiene más importancia lo que fue el edificio que sus restos. Esto enlaza con otro argumento principal, la recuperación del patrimonio y qué es este patrimonio. Un edificio histórico ¿son las piedras con las que se construyó, o bien la imagen y efecto que quiso crear el arquitecto que ideó la obra por primera vez? Porque si es lo segundo, da igual que se repongan las piedras antiguas por nuevas, mientras se mantenga la idea e imagen fiel del edificio.

Yo personalmente creo en lo último, ya que los materiales se degradan, y desaparecen. Quizás no en un par de siglos, pero los monumentos históricos deben ser eternos, y por ello debería poder reponerse sus piezas. Sin maximalismos, por supuesto, se debe mantener los materiales originales siempre, son los ‘auténticos’ y dan la pátina y calidad a la obra. Estos materiales se deben mantener y cuidar, pero ¿qué hacer si han desaparecido ya? Pues se reponen, mostrando de alguna forma que no son originales para que no se confundan. Sólo así podemos tener a la vez los materiales históricos, y también la visión histórica de la obra, la original. También quizás se puede con ello alcanzar el límite ideal de una restauración, el de recuperar el uso original de la obra. Sólo así está completa y recobra su esplendor, aunque en muchos casos ya es un paso imposible, pero no en todos.

En el caso del teatro de Sagunto, la reconstrucción tiene algunas virtudes. Una recupera el volumen y traza original del edificio; otra frena el deterioro de los restos, ‘fosilizados’ bajo la obra nueva. También esta obra es perfectamente distinguible de la original, así no se confunde la construcción moderna con la antigua, de ahí uno de los argumentos porque el edificio nuevo fuera tan ‘agresivo’, para distinguirlo perfectamente. Y por último, recupera 2000 años después el uso original del monumento, y esto me parece fascinante.

La reconstrucción impactó en su momento porque rompía un paisaje histórico reciente, para devolvernos uno ya lejano y un tanto extraño, aunque fuera el original. Faltó en el procedimiento y en la técnica, ya que una reconstrucción debe ser siempre reversible y esta no lo es. Utilizó materiales modernos que aunque afortunadamente ya envejezcan, en su momento provocaron un ‘shock’. Y oculta buena parte de los restos antiguos como el graderío, este es el peor defecto, que pudo cubrirse con una estructura ligera retirable como en Mérida. Diríamos que fue una reconstrucción imperfecta y con carencias técnicas, muy mejorable en varios detalles. Pero el hecho de reconstruir y recuperar un monumento de la antigüedad, cuando tantos se han perdido, me parece fantástico y en mi personal modo de ver, deseable con tanto patrimonio perdido. Si queréis que os lo cuenten en vivo, hacedlo en una visita con guía y os mostraremos estos y muchos otros detalles, os animamos a venir.

Lasaria turismo

 

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