El regreso de las cabras montesas

cabra mariolaEn 2013 apareció la noticia de que han vuelto a ser vistas cabras montesas en la Serra Grossa, en las cercanías de Xàtiva; antes habían sido vistas cerca de Bocairent, y la doble confirmación junto con otras prueba que sí, andan ahí. La sierra forma una línea de montañas de 60 km, desde Fontanars hasta Gandía, y se conectan hacia el sur con el Benicadell, Mariola, Font roja y todas las sierras de la Marina. Esto significa que en unos años volveremos a ver estos bellos animales por nuestras cimas de los que desaparecieron hace unos 70 años, y así cuando vayamos a la montaña sentiremos nuestra naturaleza más salvaje y sorprendente.

La caza y la persecución acabó con ellas en toda la península, extinguiendo incluso subespecies como la cabra lusitánica o el bucardo pirenaico, ‘autoextinguido’ al no encontrar congéneres. Sólo quedaron unas pocas decenas en sierra de Gredos y Beceite. Se protegieron in extremis, y penosamente comenzaron su lenta recuperación. Salidas de coma, empezaron a expandirse y por fin tras muchas décadas, ya están aquí.

Pero llegar ha sido muy difícil. Debieron cruzar autovías, carreteras y cultivos con zonas humanizadas. La vía de llegada se ha documentado desde Beceite, bajando por el interior de Castellón y Valencia, muela de cortes hasta la sierra de Enguera; de ahí quedaron esperando unos años para poder realizar el difícil salto hasta la serra Grossa cruzando mil infraestructuras humanas. Pero una vez realizado, podrán expandirse sin problemas ya que todas las sierras están conectadas sin grandes cortes.

Y esto es una gran noticia. En nuestras sierras y ecosistemas hay un gran ausente, la fauna. Y la fauna es esencial; imaginad el placer de encontrarnos con uno de estos animales, la sensación de sorpresa, de emoción y de peligro; de recuperar el misterio del bosque, algo que hemos descrito en mil cuentos y leyendas pero ya no tenemos. Pero no es sólo esto, en realidad un bosque sin fauna esta cojo, incompleto y es inestable. La fauna es la que dispersa semillas en su estómago y su pelo. Y es la que cuida el sotobosque comiendo el exceso de arbustos, abonando la tierra y dejando bajo los árboles un prado mucho más variado de plantas. La Mariola ‘tota a floretes’ lo era por los prados producidos por su fauna, que ya no existen; en realidad la sierra no tiene tanta variedad de plantas como describieron los antiguos botánicos, y sus plantas singulares están arrinconadas a reductos, cuando debieron ser mucho más abundantes. Plantas que necesitan un ‘jardinero’ que les libere el suelo para reproducirse. Hay otra razón aún más contundente: la fauna son las brigadas forestales del ecosistema, acaban con la maleza baja y respetan los árboles a los que no llegan, y encima lo hacen gratis. Los bosques sanos en los que interviene la fauna tienen menos fuegos, y cuando los hay son menos virulentos al encontrar menos materia. Por todo esto hemos de proteger a la gran fauna, darle la bienvenida y esperar que en nuestra próxima salida al campo tengamos la grandísima suerte de ver uno de estos espíritus ancestrales del bosque.. porque ya están aquí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *